Consecuencias de la COVID-19 a largo plazo.

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Consecuencias de la COVID-19 a largo plazo.

Muchas gracias por tus documentos que me permiten estar al día y sobre todo trasladar a familiares y amigos una información de calidad. Me preocupa el denominado COVID persistente o crónico

Muchas gracias por tu pregunta. NO tengo mucha experiencia personal con pacientes que han superado la fase aguda de la enfermedad y tienen “secuelas” de la COVID-19. Pero es cierto que en muchos centros sanitarios se han tenido que habilitar consultas específicas (“consulta post-COVID”) para estas personas que ahora presentan síntomas o condiciones que antes NO tenían.

Para BUSCAR información científica relevante, muchos acudimos a la Biblioteca Nacional de MEDICINA de los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. (NIH) (figura inferior). Al teclear el término “Long Term Covid”, aparecen 2.884 artículos, con la distribución anual indicada. Por tanto, podemos afirmar que hay una bibliografía muy extensa sobre las “consecuencias de la COVID-19 a largo plazo”.

¿Y cuáles son estas consecuencias?

Puede ocurrir que la persona que ha sufrido la COVID-19 tuviera o no alguna patología previa (hipertensión obesidad, EPOC, cardiopatía, etc.). En tal caso la COVID-19 ha podido “agravar” alguna de estas condiciones y situar su enfermedad en una fase más avanzada (o tal vez no). Pero también ha podido ocurrir que la persona afectada por la COVID-19 no fuera consciente o no tuviera esa enfermedad o condición previa. Hoy sabemos que la COVID-19 ha generado patologías que pudiéramos denominar “crónicas” afectando a muchos órganos y sistemas: Respiratorio – Pulmonar, Neurológico, Cardiaco, Vascular, Musculo-esquelético, Metabólico, Psicológico, Digestivo, Piel, Locomotor, modificar hábitos de vida (sueño) no siempre más saludables. También la COVID-19 ha podido asociarse a posibles efectos secundarios derivados de las terapias o fármacos administrados.

El 30 de enero 2021 se publicó un estudio que revisó todos los publicados hasta el uno de enero 2021, con más de 100 pacientes seguidos hasta 110 días. Este trabajo ha estimado que el 80% de las personas (intervalo de confianza del 95%, 65-92%) que habían superado la fase aguda de la enfermedad refirieron uno o más síntomas prolongados.

Los CINCO síntomas más frecuentes se detallan en esta Tabla.

La pérdida del gusto / olfato, tan singular en esta infección viral, fue referida por el 23% de los enfermos, una vez superada la fase aguda de la enfermedad. En un estudio que analizó 51 trabajos con enfermos de COVID- 19 (meta análisis) la pérdida del olfato (“anosmia”) fue 14 veces más frecuente en pacientes con COVID-19 que en sujetos sin COVID-19. La “anosmia” se asoció de forma muy significativa a COVID-19 leve (Aziz M, et al. The association of “loss of smell” to COVID-19: A systematic review and meta- analysis. Am J Med Sci 2021;361:216-25. doi:10.1016/j.amjms.2020.09.017).

Como dato “objetivo” de enfermedad prolongada cabe destacar una radiografía de tórax anormal hasta en el 34% de los pacientes, y un “dímero- D” elevado en el 20%. En otras infecciones por coronavirus (SARS y MERS) también se han documentado síntomas similares a largo plazo. Así, un 33% de las personas que han sobrevivido al MERS (Middle East Respiratory Syndrome) tienen fibrosis pulmonar con gran limitación al esfuerzo físico.

En RESUMEN: Un 80% de los enfermos que superan las dos primeras semanas de la fase aguda de la COVID-19 presentan síntomas muy diversos, que pueden afectar a cualquier órgano, sistema y a su estado mental-psicológico. Al igual que en la fase aguda, es necesario que en esta fase de cronicidad TODOS los enfermos dispongan de los medios necesarios.