¿Cómo nos preparamos para el otoño?

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¿Cómo nos preparamos para el otoño?

06/09/2020 – Dr. Juan García Puigen colaboración con Pilar Pavía, psicóloga

Prepararse supone adoptar las medidas necesarias ante el advenimiento de un hecho o circunstancia. Y tenemos que aceptar que no sabemos muchas cosas con respecto a este nuevo coronavirus SARS-CoV-2. Parece lógico pensar que este virus puede comportarse como otros coronavirus; pero es único, diferente, y puede tener características singulares.

El futuro depende de muchos elementos que desconocemos hoy y que incluyen, entre otros, la duración de nuestra inmunidad frente al virus, cómo afecta la estacionalidad a su diseminación, y las medidas y actuaciones adoptadas por los gobiernos y por las personas (35) (Fig. 19).

Desde el punto de vista psicológico son momentos difíciles, muy difíciles. Esta enfermedad ha afectado a más 25 millones de personas y ha causado más de 850.000 fallecidos, afectando de forma predominante a los mayores.

Todos los que habitamos este planeta sin luz, de uno u otro modo, nos hemos visto afectados. Y esta situación, según edades, nos genera a todos emociones y conductas muy dispares (miedo, ira, desconcierto, huida, crítica, hartazgo, desesperanza, incertidumbre,…). Todo país, ciudad ó comunidad afectada por la pandemia tiene algo en común: incertidumbre.

La INCERTIDUMBRE tiene implícita la idea de no saber … no podemos controlar lo que nos está sucediendo. La incertidumbre puede desorganizar la mente y generar pensamientos tóxicos (Fig. 20). Desarrollamos reacciones de temor, miedo, ansiedad, depresión, fobias.

También se producen problemas de convivencia, recriminaciones, críticas, rumiaciones, y sobre todo, aislamiento por la tensión no liberada y acumulada día a día, con las malas noticias, contagios, fallecidos, etc.

Los humanos podemos desarrollar un estrés sano (“eutrés”) que nos hace reaccionar bien ante una amenaza real; respondemos con la serenidad necesaria y adoptamos decisiones organizadas ante el peligro (distancia, mascarilla, lavado de manos, …). Pero hay otro estrés nocivo (“distrés”) que se produce cuando nos sentimos constantemente amenzados, con reacciones de alarma, bloqueo, huida, temores extremos, ….

Un patrón de alarma, mantenido en el tiempo, puede dañar nuestra salud y bienestar (enfermedades). Lo primero que una persona transmite es lo que vive. Y nosotros, y nuestro entorno más cercano, es el más expuesto a nuestra forma de enfrentar y vivir esta situación tan difícil.

Pero esta pandemia, y su incertidumbre asociada, también nos ofrece la oportunidad de detenernos y plantearnos otros OBJETIVOS de vida, quizás más saludables (Fig. 20).

Ante la ansiedad podemos implementar conductas y pensamientos alternativos que nos ayuden a liberar tensión: relajación, respiración diafragmática, mindfullness, actividad física, y otras ocupaciones gratificantes.

Una misma realidad puede ser percibida, interpretada, sentida, de formas muy diferentes. “Todos los asuntos tienen dos asas: por una son manejables y por la otra no” (Epicteto, filósofo estoico, 5ó-135 d.C.). En definitiva, debemos emprender una campaña contra el negativismo.

Vivimos tiempos y momentos “líquidos”; todo pasa rápidamente. Y la pandemia nos obliga a detenernos. La tensión personal y ambiental se propaga, sin darnos cuenta. Y los demás (pareja, hijos, amigos, familia, etorno, …) absorben esa tensión como una esponja que choca y se fusiona con la tensión de cada uno. Es así como va creciendo y aumentando. Por eso, antes de que la tensión se convierta en “tóxica”, es bueno controlarla. Cada uno escribe su propia historia; no debemos consentir que nuestra mente se infecte por el virus, con pensamientos ansiosos y de temor constante, que los humanos transmitimos a los demás humanos.

La RACIONALIZACION es un mecanismo de defensa que trata de ofrecer una explicación lógica a lo que nos está sucediendo y cómo nos afecta (Fig. 20). Podemos parar la “escalada” de pensamientos tóxicos, emociones y conductas, con tres medidas sencillas, racionales.

  • Primero: Identificar los PENSAMIENTOS NEGATIVOS que estamos teniendo … y rumiando.
  • Segundo: Cuestionar estos pensamientos; ponerlos en duda. ¿Es verdad lo que temo? ¿Hay otra interpretación posible a esta situación? ¿Existen otras posibilidades más razonables respaldadas por hechos y evidencias? ¿Qué haría ante esta situación un observador externo? ¿Qué es lo peor que puede suceder y qué probabilidades hay de que esto ocurra?
  • Tercero: Modificar los pensamientos para conducirlos a unas coordenadas objetivas. El problema NO son los pensamientos preocupantes y negativos, que siempre surgen, sino dejarnos arrastrar por ellos. “Los barcos no se hunden por el agua que les rodea; se hunden por el agua que entra en ellos. No permitas que lo que sucede a tu alrededor se meta dentro de tí y te hunda”.

La pandemia puede ser una oportunidad para crecer, para ver otros horizontes. Nos podemos sentir vulnerables, pero también fuertes. ¿Cambiamos hábitos, prioridades, estilos de vida, o seguimos igual pero con MIEDO? Si cambiamos la forma de ver las cosas, las cosas que vemos cambian de forma.

Y podemos hacernos más humanos; “no importa lo que de nosotros hayan hecho, sino lo que nosotros hagamos de lo que de nosotros hayan hecho” (Jean-Paul Sartre). Los científicos, especialmente los del área biomédica, tenemos el privilegio de comprender mejor que muchos lo que está sucediendo. Este privilegio debe corresponderse con el deber de informar y de acompañar a quienes caminan a nuestro lado para ofrecerles nuestra mejor luz en estas tinieblas.

En suma, ¿cómo afrontar el otoño 2020? Le copio un texto que me parece muy realista y que ofrece serenidad….

“Esperando lo mejor y preparándonos para lo peor. Sin anticipaciones negativas, ni un optimismo poco realista. Ocupándonos día a día de cuidarnos y de estar bien. Con la tranquilidad de estar haciendo lo que hay que hacer. Contentos de estar juntos. Agradecidos de estar sanos. Así estamos. No sé cuándo volveremos; sin duda, cuando podamos. Y mientras tanto, seguimos en contacto”.