Comunicado de los científicos de la FGC sobre el COVID-19

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Comunicado de los científicos de la FGC sobre el COVID-19

Según la definía Gonzalo Piédrola Gil1: “La Salud Pública es la ciencia y el arte de organizar y dirigir los esfuerzos colectivos destinados a proteger, promover y restaurar la salud de los habitantes de una comunidad.”

Vivimos un problema de Salud Pública que nos ha llevado a una situación sanitaria y social sin precedentes en la historia reciente al tener que enfrentar una pandemia originada por un virus resultante de la mutación de un coronavirus, una extensa familia de virus que pueden causar enfermedades tanto en animales como en humanos. En los humanos, se sabe que varios coronavirus causan infecciones respiratorias que pueden ir desde el resfriado común hasta enfermedades más graves como el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el síndrome respiratorio agudo severo (SARS).

El coronavirus que se ha descubierto más recientemente (SARS-CoV-2) causa la enfermedad llamada COVID-19, cuyos síntomas iniciales más comunes son fiebre, cansancio y tos seca. Algunos pacientes pueden presentar dolores musculares, congestión nasal, rinorrea, dolor de garganta o diarrea. Estos síntomas suelen ser leves y aparecen de forma gradual. Es posible que muchos de los que adquieren el virus (infectados) no desarrollen ningún síntoma y no se encuentran mal. De entre los pacientes que desarrollan enfermedad sintomática, la mayoría (más del 80%) se recupera de la misma sin necesidad de realizar ningún tratamiento especial. Con los conocimientos que se van acumulando, los científicos sitúan el número de contagiados que desarrollan la enfermedad (manifestaciones de dificultad respiratoria) en alrededor de 1 de cada 6 personas, es decir que 5 de cada 6 contagiados pasarían desapercibidos.

Las personas mayores y las que padecen afecciones médicas subyacentes, como hipertensión arterial, problemas cardiacos, diabetes o inmunodeficiencia, tienen más probabilidades de desarrollar una enfermedad grave. En torno al 2% de las personas que han sido diagnosticadas por expresar síntomas de enfermedad han fallecido. Por ello, Las personas que presenten fiebre, tos y dificultad para respirar deben buscar atención médica.

Aunque no podemos descartar de forma taxativa otras formas de transmisión como a través de las heces (detectamos por ahora solo ácidos nucleicos, no virus activos), y es posible que el tiempo de supervivencia del virus en superficies sea mayor de lo que creíamos, parece claro que la vía aérea es la predominante, a través de las microgotas expulsadas por las personas ya contagiadas al toser, estornudar, hablar, o llevarse la mano a la boca, ojos o nariz. De ahí que las medidas de contención puestas en marcha y aconsejadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en todo el mundo se centren en: a) controlar la emisión de gotículas mediante el uso de mascarillas por parte de los contagiados y las personas que deban estar en su proximidad, b) el aseo repetido de las manos por cuanto pueden ser vectores de los virus expelidos por las gotículas al toser, c) mantenerse a una distancia mínima de 1 metro entre usted y cualquier persona que tosa o estornude, d) cubrirse la boca al toser o estornudar, e) permanecer en su domicilio ante la presencia de un cuadro sospechoso (fiebre, cansancio y tos seca) y, si la situación lo requiere, solicitar asistencia desde su domicilio.

Como se ha comprobado en China y en otros países, es posible detener los brotes de COVID-19 y poner coto a su transmisión (hoy solo tres nuevos casos -dos de ellos importados- en China). No obstante, la gran rapidez con que pueden aparecer nuevos brotes nos obliga a ser conscientes de la situación en los lugares donde nos encontramos o aquellos a donde tengamos intención de ir.

A continuación, se relacionan algunos conceptos que deben ser tenidos en cuenta al valorar la situación.

En la investigación de COVID-19 tendrán consideración de “caso” aquellos que cumplan alguno de los siguientes criterios ( OMS/WHO: Situation Reports ):

Caso sospechoso

  1. Cualquier persona con un cuadro clínico compatible con infección respiratoria aguda (inicio súbito de cualquiera de los siguientes síntomas: tos, fiebre, disnea) de cualquier gravedad y causa no demostrable, Y, si en los 14 días previos al inicio de los síntomas ha residido en o viajado a áreas con evidencia de transmisión comunitaria (las áreas consideradas actualmente se pueden consultar en el siguiente enlace: COVID-19-Areas)

-O-

  1. Cualquier persona con un cuadro clínico compatible con infección respiratoria aguda (inicio súbito de cualquiera de los siguientes síntomas: tos, fiebre, disnea) de cualquier gravedad y causa no demostrable, Y, si existe historia de contacto estrecho con un caso probable o confirmado en los 14 días previos al inicio de los síntomas.

-O-

  1. Cualquier persona atendida en la urgencia hospitalaria que requiera ser hospitalizada, Y, sin causa demostrable que justifique el cuadro clínico.

Caso probable

Caso sospechoso en el que el test para el COVID-19 no es concluyente.

Caso confirmado

Sujeto con test para el COVID-19 positivo con independencia de que presente o no signos o síntomas de enfermedad.

A partir de estos criterios de “caso”, hay que tener en cuenta que:

  1. no se debe confundir el “número de nuevos casos” con el “número de nuevos casos diagnosticados microbiológicamente”; en cuanto se generalicen métodos de diagnóstico, aparecerán muchos “nuevos casos”, que no deben ser atribuidos a un “empeoramiento” de la epidemia;
  2. al valorar la “gravedad” de los casos en esta epidemia debe hacerse considerando que, por ahora, la mayor parte de los sujetos tenidos en consideración son los que han desarrollado enfermedad sintomática;
  3. el aumento de “nuevos casos”, particularmente de personas asintomáticas o con síntomas leves (la mayor parte en los primeros 60 años de la vida), no es necesariamente un dato negativo; de hecho, estas infecciones podrían asimilarse a una “vacunación natural” con lo que el número de personas contagiables necesariamente disminuirá, reduciendo el campo de expansión del virus;
  4. las medidas como el cierre de colegios y universidades no van dirigidas a prevenir la infección en personas jóvenes que muchas veces ni siquiera tendrán síntomas, sino más bien a enlentecer el progreso de la epidemia para evitar un colapso del sistema sanitario y asegurar la atención hospitalaria de las personas de edad, o con patología previa, que tienen un mayor riesgo;
  5. en realidad, habría que adoptar una política de aislamiento y movilidad controlada de estas personas de mayor riesgo, sabiendo que ello puede producir un conflicto con el cierre de colegios, ya que es posible que niños y jóvenes asintomáticos puedan transmitir la infección a sus abnegados abuelos;
  6. especial atención debe prestarse a las residencias para mayores que en España albergan a medio millón de personas, de edades en general muy avanzadas y con una prevalencia de enfermedades crónicas, inmunodeprimentes y/o discapacitantes muy elevada; estamos viendo ya el riesgo de que se conviertan en verdaderos semilleros para el COVID-19 con grandes porcentajes de los mayores allí hospedados infectados, con un número de casos creciente y una alta mortalidad;
  7. actualmente no existe un tratamiento específico frente al SARS-CoV-2. Se están realizando ensayos con múltiples fármacos como la combinación de inhibidores de la proteasa (lopinavir/ritonavir) con o sin interferón β, o tratamiento con un inhibidor de la ARN polimerasa (remdesivir). Otros estudios se realizan reutilizando medicamentos con diferentes indicaciones, como es el caso del fosfato de cloroquina (antimalárico). En todos los casos con la supervisión de las correspondientes agencias reguladoras (European Medicines Agency (EMA))
  8. aunque son varias las iniciativas en diferentes países para el estudio y desarrollo de una vacuna específica frente al SARS-CoV-2, en el momento actual no existe ninguna.
  9. por último, cualquier comparación de la actual epidemia con las causantes de “mortalidades apocalípticas” (como la gripe de hace cien años, la de 1918) debe ser evitada. De hecho, una parte muy importante de la mortalidad en 1918 fue debida a complicaciones bacterianas que hoy pueden ser tratadas en la mayoría de los casos.

Hasta aquí, un breve repaso a lo que viene aconteciendo con el COVID-19 y las medidas que los científicos proponen para su contención. Pero todo ello, sin dejar de hacer énfasis, una vez más, en que esta enfermedad transcurre en una inmensa mayoría de casos como un cuadro leve o imperceptible (subclínico) y que muy probablemente el coronavirus en cuestión va a alcanzar a una gran parte de la población española y mundial en la que se desarrollarán los mecanismos individuales y colectivos de respuesta inmune que contribuyan a la progresiva detención del COVID-19. Y, por supuesto, contando con que los científicos desarrollen la correspondiente vacuna y tratamientos antivirales eficaces para aquellos que los necesiten.

Todo lo comentado ha procurado ser una repetición actualizada de lo que el conocimiento de la enfermedad nos va permitiendo comunicar, canalizado a través de una voz global autorizada: la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El problema cobra otra dimensión cuando estas recomendaciones, simples y rotundas, topan con la gestión heterogénea de los responsables de velar por su cumplimiento en los diferentes países y latitudes.

Fueron por delante China y Corea, quienes además de ser los primeros en afrontar el COVID-19, partían de un nivel de conocimiento mínimo ante la enfermedad. Transcurridos menos de dos meses, estos países y algún otro, están en el camino de haber logrado la contención.

El tiempo dirá si las contundentes actuaciones sanitarias en estos países se ajustaron a lo estrictamente necesario, pero, parece claro que si algo les está distinguiendo es la indiscutible existencia de unas autoridades sanitarias sólidas, respetadas y científicamente avaladas que adoptaron las medidas (las mismas que seguimos recomendando) y que desde nuestra Europa del bienestar y sus diversidades políticas nos hemos encargado de criticar cuando no cuestionar. Y ahora, cuando pasadas demasiadas semanas vemos como el agua nos ha llegado al cuello, nos damos cuenta que los europeos hemos aprendido poco de su experiencia, cuando no venimos siguiendo un transcurso errático e incoherente que en nuestra España finalmente parece verse encauzado al declarar el Gobierno el estado de alarma y asumir el papel de la autoridad sanitaria única. Ahora, pedimos a nuestras autoridades que guíen sus decisiones los organismos y científicos cargados de conocimiento, prestigio y solvencia que el país dispone.

Debemos repetir que estamos ante un gravísimo problema de Salud Pública que en España pone contra las cuerdas a uno de los Sistemas de Salud mejor valorados del mundo. Recordemos que la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, uno de los hitos fundamentales en nuestro esfuerzo organizado por hacer efectivo el derecho a la protección de la salud, estableció como uno de los principios generales, en su artículo 3, que el sistema sanitario se orientase prioritariamente hacia la prevención y la promoción de la salud.

Pues bien, presumimos con razón de unos servicios sanitarios que garantizan la accesibilidad, la atención, las prestaciones diagnósticas y terapéuticas y la mejor respuesta ante las enfermedades. Sin embargo, los esfuerzos que el conjunto de la sociedad debe hacer para asegurar un buen estado de salud mediante la prevención de la enfermedad y la promoción de la salud no se han desarrollado de igual manera. En la Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública, se constata como el legislador ha evitado que el concepto tenga consideración de necesidad universal y no fraccionable, al menos desde el punto de vista normativo y de la coordinación general de las Comunidades Autónomas. Algo fundamental falla cuando la competencia se ha repartido entre las Comunidades Autónomas, cuando el órgano de apoyo científico y técnico del Sistema Nacional de Salud (existe y se llama Instituto de Salud Carlos III) es marginado y las decisiones del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud no tienen carácter de vinculantes para todas ellas. A ello deberemos volver, con todas sus consecuencias, cuando superemos la pandemia.

Ahora nos toca a todos lidiar el COVID-19 con el sistema de Salud Pública que tenemos y esperando salir pronto de la epidemia sanitaria y de desconfianza que nos atenaza. En este momento, es imprescindible un esfuerzo de pedagogía epidemiológica coherente e informada para que la población entienda el alcance real de lo que sucede y así colabore convencida en el cumplimiento de las medidas unívocas que han sido adoptadas.

La misión requiere muchos conocimientos para su planteamiento, muchos recursos y excelentes gestores para su realización. Y, una autoridad única, claramente identificada por el Gobierno para su coordinación, ejecución y puesta en práctica.

La Fundación Gadea por la Ciencia ofrece el talento y las capacidades de sus casi tres centenas de científicos para colaborar a la solución de la pandemia y la salida de la crisis social y económica que necesariamente afectará a la mayoría de los españoles. De una experiencia como la actual se deberán derivar las enseñanzas científicas, políticas, gestoras y administrativas consecuentes. Y con seguridad otras desde el punto de vista de lo sociológico y los medios de comunicación. Tiempo habrá para ello.

Por el momento, ofrecemos nuestro tiempo y energía para ayudar a las personas, a la comunidad y a las autoridades que se enfrentan a esta situación inédita. Nos ofrecernos como apoyo para compartir información avalada científicamente, propiciar colaboraciones entre diversas áreas del conocimiento, facilitar la creatividad y las ideas o colaborar a mantener unido el mundo de las Ciencias y las Empresas en la búsqueda de respuestas. Si usted tiene alguna sugerencia sobre lo que podríamos hacer o esperaría de nosotros, por favor háganoslo saber: estaremos encantados de escucharle y tratar de ayudar (www.gadeaciencia.org )

Ahora, toca a todos seguir las directrices y parar el COVID-19 cuanto antes.

1 En Recuerdo de Gonzalo Piédrola Gil. Rev. Esp. Salud Publica, vol.71 no.2. Madrid mar. 1997 

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