NO es una “tormenta perfecta”

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NO es una “tormenta perfecta”

21/06/2020 – Dr. Juan García Puig

En España han surgido nuevos términos como la “distancia social”. En EE.UU. la pandemia del Covid-19 se equipara con una “tormenta perfecta”. ¿Son adecuadas estas metáforas?

Para contestarle me voy a basar en un texto reciente: (Brandt AM y Botelho A. Not a perfect storm – Covid 19 and the importance of language. 16 de Abril 16. N Engl J Med 2020; 382:1493- 5: DOI: 10.1056/NEJMp2005032)

Con el lenguaje de las metáforas expresamos ideas y conceptos, que se pueden parecer a lo que estamos viviendo, pero como sucede con casi todas las comparaciones, no son exactas. Los términos que usamos para definir algo se asocian a sentimientos y emociones que pueden distorsionar la realidad y conducirnos a situaciones o llevarnos por caminos equivocados.

La comparación de esta pandemia con una “tormenta perfecta” evoca sentimientos de anomalía e imprecidibilidad. Una “tormenta perfecta” se define como un fenómeno meteorológico que surge de una combinación extraña de factores adversos, derivados de un gran número de factores contribuyentes (generalmente) impredecibles. Y algunos aspectos de la enfermedad Covid-19, como su elevada transmisibilidad y mortalidad, ciertamente, están fuera de un posible control por los humanos. Pero también es cierto que en la propagación del virus SARS-CoV-2 influyen factores ambientales, sociales y políticos, y que el modo en que conceptualizamos la interrrelación de estos elementos importa y mucho. Es esta epidemia, y otras anteriores, ¿el resultado final de una combinación inusual e impredecible de algunas fuerzas de la naturaleza como el concepto / término “tormenta perfecta” sugiere? O ¿es posible que en su génesis y desarrollo hayan influido acciones (e inacciones) humanas durante mucho tiempo?

La escritora Susan Sontag (1933-2004, de origen judío, nacida en Nueva York, fue novelista, filósofa y ensayista, pero también profesora, directora de cine y guionista; foto de la izquierda) refiere que las metáforas que usamos para describir las enfermedades influyen en nuestra forma de vivir esta experiencia. El pensamiento occidental asociado a las palabras “cáncer” o “SIDA”, por ejemplo, nos produce miedo y estigmatiza a las personas que padecen estas enfermedades, dificultando cuidados y marginándolas (Sontag S. Illness as metaphor and AIDS and its metaphors. New York: Picador, 2001).

De forma similar, la metáfora “tormenta perfecta” puede distorsionar el enfoque necesario para abordar la pandemia actual.

El término “tormenta perfecta” parece más bien inactivo que proactivo, reductor más que holístico, pasivo más que emprendedor. Aunque el drama inherente a este término es conocido y todo el mundo lo entiende, una “tormenta perfecta” evoca nociones de aleatoriedad y volatilidad que puede debilitar nuestra capacidad para abordar la pandemia del Covid-19. Las epidemias no deben atribuirse simplemente a circunstancias naturales; también son resultado de la actuación del hombre, en cuanto a su génesis, desarrollo y abordaje global. Si, por ejemplo, equiparamos la epidemia a una “tormenta perfecta” será mucho más difícil transmitir la convicción general de que tenemos que prepararnos para la siguiente.

El virus SARS-CoV-2 puede ser un virus nuevo, pero no se puede invocar que no se hubiese advertido cuando comenzó a extenderse por China en Diciembre de 2019 o que no tengamos conocimiento de experiencias semejantes (por ejemplo, la gripe de 1918).

La figura de la izquiera es una fotografía de un Hospital de campaña en Brookline, Massachusetts durante la epidemia de gripe de 1918.

El texto que acompañaba a la foto dice: (Jones DS. History in a crisis – Lessons from Covid-19. (NEJM 2020;382:1681-3; DOI: 10.1056/NEJMp2004361.) “las epidemias catastróficas que han matado a millones han sido excepcionales, habiéndose registrado en contadas ocasiones en el anterior milenio. ¿Estamos ahora en uno de esos momentos excepcionales, enfrentándonos a un patógeno con la mezcla adecuada (¿equivocada?) de contagiosidad y virulencia, con sociedades que ofrecen el requisito de un estrecho contacto hombres-animales, hacinamiento urbano, viajes intercontinentales, y poblaciones angustiadas por la desigualdad social? Dada la rareza histórica de las epidemias catastróficas, una tormenta perfecta semejante debe ser improbable. Pero, lamentablemente, es una posibilidad”.

En el contexto de la epidemia de SIDA, el Instituto de Medicina de EE.UU (ahora denominado National Academy of Medicine) declaró que “la mejor forma de prepararse para el futuro es desarrollando y implementando estrategias preventivas para hacer frente a los desafíos de los microbios emergentes y reemergentes. Es infinitamente menos costoso, en todos los sentidos, tratar una enfermedad emergente en un fase temprana – y así prevenir su propagación – que desarrollar nuevos tratamientos para controlar la enfermedad”.

La Academia Nacional de Medicine recomendó cuatro áreas de interés que se deben desarrollar para estar preparados ante futuras pandemias:

Infraestructuras de salud pública, investigación en enfermedades infecciosas y perfeccionar la vigilancia epidémica, desarrollo de vacunas y medicamentos, educación pública y cambios en el comportamiento humano que han podido influir en la aparición / evolución de la pandemia (Institute of Medicine. Emerging infections: microbial threats to health in the United States. Washington, DC: National Academies Press, 1992).