Protecciones: mascarilla, pantalla facial, … ¿hay que limpiar todo, todo, todo?

7 septiembre, 2020 AdminGadea

06/09/2020 – Dr. Juan García Puig

La vía de contagio más importante es de persona a persona, a través de las gotitas de saliva que imperceptiblemente expulsamos al hablar, toser, estornudar … Se ha estimado que para que haya infección se requiere la recepción de unas 1000 partículas virales (pv; al respirar emitimos 20 pv/min; en un discurso, el orador emite 200 pv/min; estornudar o toser 200 millones pv, que pueden permanecer en el aire durante horas, en un espacio cerrado). Por ejemplo, hablar con una persona que puede estar infectada a 2 metros de distancia, durante 45 minutos, es una actividad de “bajo riesgo”. El lector puede consultar la página web del Center for Disease Control (CDC) de EE.UU. para una mayor información sobre las actividades que conllevan un mayor / menor riesgo

¿Debemos limpiar todo, todo, todo? Es indudable que la manivela de una puerta pública, el carrito del supermercado, o algún producto de un establecimiento pueden estar contaminados. Pero debemos saber que el estudio que investigó el tiempo de viabilidad del virus SARS-CoV-2 en distintas superficies (23), ha sido muy criticado porque la “carga viral” experimental que se depositó en las superficies analizadas fue muy superior a los virus (carga viral) que emite una persona infectada, al respirar, estornudar ó toser (24).

Es importante centrarnos en las 4 medidas que de verdad interfieren con la transmisión del virus:

  • Evitar espacios cerrados con muchas personas (reuniones, congresos, actos sociales, …)
  • Distancia presencial (1-2 metros) al hablar con personas
  • Lavado de manos frecuente
  • Mascarilla.

Si dirigimos nuestros esfuerzos (siempre limitados) hacia actividades preventivas que no parecen desempeñar un papel relevante en la transmisión del virus, podemos estar desviando nuestra atención y no centrarnos en las medidas que sí parecen haber demostrado una gran eficacia en la reducción del número de personas infectadas. Esto se ha denominado el “teatro de la higiene” (hygiene theater) (25) del que debemos huir. Y tal vez no tanto del teatro al aire libre, con las medidas 1-4 antes enunciadas.

¿Espacios abiertos o cerrados? Esta pregunta no ha sido contestada utilizando el método científico, pero es evidente que la concentración de partículas virales será mayor en un espacio cerrado que cuando el techo que nos cubre es el cielo.

La Figura 15 ilustra el contagio de 9 personas, a partir de un sujeto asintomático, en un restaurante cerrado de Guangzhou, China, con aire acondicionado (22).

Otro tema muy debatido es el de la limpieza de “bienes, comestibles, superficies, o los zapatos”. Pensemos en las circunstancias que deben concurrir para que una persona se infecte por estos medios. Debemos aceptar que la secuencia de circunstancias tal vez sea posible pero es, ciertamente, muy improbable (Fig. 16).

¿Debemos limpiar todo, todo, todo? Es indudable que la manivela de una puerta pública, el carrito del supermercado, o algún producto de un establecimiento pueden estar contaminados. Pero debemos saber que el estudio que investigó el tiempo de viabilidad del virus SARS-CoV-2 en distintas superficies (23), ha sido muy criticado porque la “carga viral” experimental que se depositó en las superficies analizadas fue muy superior a los virus (carga viral) que emite una persona infectada, al respirar, estornudar ó toser (24).

Es importante centrarnos en las 4 medidas que de verdad interfieren con la transmisión del virus:

  • Evitar espacios cerrados con muchas personas (reuniones, congresos, actos sociales, …)
  • Distancia presencial (1-2 metros) al hablar con personas
  • Lavado de manos frecuente
  • Mascarilla.

Si dirigimos nuestros esfuerzos (siempre limitados) hacia actividades preventivas que no parecen desempeñar un papel relevante en la transmisión del virus, podemos estar desviando nuestra atención y no centrarnos en las medidas que sí parecen haber demostrado una gran eficacia en la reducción del número de personas infectadas. Esto se ha denominado el “teatro de la higiene” (hygiene theater) (25) del que debemos huir. Y tal vez no tanto del teatro al aire libre, con las medidas 1-4 antes enunciadas.

Identificar a las personas que han estado en contacto con sujetos diagnosticados mediante PCR positiva en los días previos, o al menos a los que conviven con esta persona, es esencial para advertirles que pueden estar contagiados y que pueden contagiar a otras personas.

La distancia interpersonal a la hora de hablar y escuchar (1,5 a 2 metros) y la mascarilla facial son dos medidas inexcusables para evitar la propagación del virus. Con más frecuencia de la que sospechamos nos tocamos la boca, nariz y los ojos con nuestras manos. Se ha demostrado que el uso de la mascarilla reduce de forma significativa el número de veces que nos llevamos la mano a la cara (18).

Se ha discutido mucho sobre la eficiencia de filtración de las diferentes mascarillas. La eficiencia de las mascarillas “quirúrgicas” –diseñadas para que el cirujano no contamine al paciente al hablar – es muy inferior a la de las mascarillas N95 (retienen el 95% de partículas inferiores a 3 micras), diseñadas para para proteger a los trabajadores industriales de ambientes con elevada polución. En un estudio experimental se ha demostrado que las mascarillas N95 ofrecen una protección muy superior a la de las mascarillas quirúrgicas (19) (Fig. 13), si bien ambos tipos de mascarillas han ofrecido una protección similar a los profesionales sanitarios para prevenir la infección por el virus de la gripe (20).

También hemos aprendido que el virus SARS-CoV-2 penetra a través de las mucosas; por ello debemos lavarnos las manos con frecuencia, cubrirnos los ojos con gafas, o bien utilizar pantallas faciales, que reducen en gran medida tocarse la cara y sus mucosas (21) (Fig. 14).

No se ha demostrado, con el mayor nivel de evidencia científica, que las mascarillas o pantallas faciales reduzcan la transmisión del virus. Pero tampoco se han publicado estudios caso-control que demuestren la utilidad de los paracaídas … y nadie viaja por el aire sin paracaídas o artilugios similares … el método científico no es la única vía de adquisición de conocimientos.

 

¿Espacios abiertos o cerrados? Esta pregunta no ha sido contestada utilizando el método científico, pero es evidente que la concentración de partículas virales será mayor en un espacio cerrado que cuando el techo que nos cubre es el cielo.

La Figura 15 ilustra el contagio de 9 personas, a partir de un sujeto asintomático, en un restaurante cerrado de Guangzhou, China, con aire acondicionado (22).

Otro tema muy debatido es el de la limpieza de “bienes, comestibles, superficies, o los zapatos”. Pensemos en las circunstancias que deben concurrir para que una persona se infecte por estos medios. Debemos aceptar que la secuencia de circunstancias tal vez sea posible pero es, ciertamente, muy improbable (Fig. 16).

¿Debemos limpiar todo, todo, todo? Es indudable que la manivela de una puerta pública, el carrito del supermercado, o algún producto de un establecimiento pueden estar contaminados. Pero debemos saber que el estudio que investigó el tiempo de viabilidad del virus SARS-CoV-2 en distintas superficies (23), ha sido muy criticado porque la “carga viral” experimental que se depositó en las superficies analizadas fue muy superior a los virus (carga viral) que emite una persona infectada, al respirar, estornudar ó toser (24).

Es importante centrarnos en las 4 medidas que de verdad interfieren con la transmisión del virus:

  • Evitar espacios cerrados con muchas personas (reuniones, congresos, actos sociales, …)
  • Distancia presencial (1-2 metros) al hablar con personas
  • Lavado de manos frecuente
  • Mascarilla.

Si dirigimos nuestros esfuerzos (siempre limitados) hacia actividades preventivas que no parecen desempeñar un papel relevante en la transmisión del virus, podemos estar desviando nuestra atención y no centrarnos en las medidas que sí parecen haber demostrado una gran eficacia en la reducción del número de personas infectadas. Esto se ha denominado el “teatro de la higiene” (hygiene theater) (25) del que debemos huir. Y tal vez no tanto del teatro al aire libre, con las medidas 1-4 antes enunciadas.

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