Van Gogh y los amarillos. Notas sobre un pintor todavía incomprendido.

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Van Gogh y los amarillos. Notas sobre un pintor todavía incomprendido.

29/11/2020 – Dr. Juan García Puig

Texto adaptado de la Dra. Carmen Fernández Jacob.

Dña. Maria Luisa Maquedano, excepcional bibliotecaria, nos remite el último artículo publicado por la Dra. Carmen Fernández Jacob sobre “Van Gogh y los amarillos”. Este artículo pretendo ofrecerle una lectura agradable al finalizar este año 2020.

“Nada extraordinario llega a la vida de los mortales separado de la desgracia “. (Sófocles. Antígona)

Como bien dice Sófocles muchas veces la desgracia es algo que acompaña la vida de algunas personas extraordinarias, como en el caso de Vicent Van Gogh, un pintor con un estilo único que vivió una vida marcada por la tragedia y la incomprensión de sus contemporáneos.

Se suicidó a los 37 años y cuando lo hizo, nunca habría imaginado el éxito que después alcanzaría su obra, hoy reconocida y admirada en todo el mundo. El pintor, que solo vendió un cuadro en vida y que vivió prácticamente en la miseria, nunca habría sospechado las cifras astronómicas que actualmente se pagan por sus obras. En 1987 su cuadro “Los Lirios” se vendió por 53.900.000$, cuando previamente, en 1891 fue adquirido por el crítico de arte Octave Mirbaeau por 300 francos.

Hijo de un pastor protestante, trabajó como marchante de arte en la empresa familiar en París y en Londres, sin demasiado éxito.

Después regresó a Holanda, donde intentó hacerse pastor como su padre, sin conseguirlo.

En sus últimos años, se dedicó por completo a la pintura y se recluyó en Arlés, viviendo de la ayuda económica de su hermano Theo y pasando en ocasiones auténtica miseria. Pintó sus hermosos cuadros llenos de color, entre etapas de euforia y desesperación, como consecuencia de una enfermedad mental, que evolucionaba en crisis. A los 37 años mientras paseaba por el campo, se disparó en el pecho con un revolver muriendo dos días después.

Al repasar la vida del artista podemos encontrar un cúmulo de proyectos sin cumplir, algunos quizás por su difícil carácter que, condicionado por su enfermedad psiquiátrica, pudo influir en su dificultad para establecer una adecuada comunicación con los que le rodeaban.

Su hermano Theo era su marchante, pero nunca promocionó bien su obra. Sorprende que poco después de su muerte, cuando su mujer Johanna van Gogh-Bonger toma las riendas de la galería y organiza una primera exposición de la obra de su cuñado, sus cuadros comienzan a tener un gran éxito y alcanzan una elevada cotización en poco tiempo.

¿Quizás Theo Van Gogh no creía en el talento de su hermano, tal vez condicionado por los fracasos de su vida y lo excéntrico de su carácter? ¿Llegó Theo Van Gogh alguna vez a comprender toda la grandeza de la obra de su hermano? Probablemente no y esta incomprensión hacia la obra del artista en vida es algo que quizás aún le persigue, a pesar del reconocimiento actual, como sucede cuando a veces se intenta justificar el uso que hace Van Gogh del color amarillo en algunos de sus cuadros (“Ramos de almendro en flor”).

Es innegable el uso excesivo del amarillo que pintó durante su estancia en Arlés. A veces para los fondos de sus obras, como en el cuadro de La Arlesiana”.

Otras veces formando parte del motivo del cuadro, como en el cuadro “los girasoles”.

En este cuadro empleó el amarillo de cromo o cromato de plomo, al que se debe su color misterioso y enigmático. La descomposición del cromato de plomo, por la luz, convierte el amarillo original brillante en un tono pardo verdoso.

Pero el grado máximo del uso del amarillo, lo hace Van Gogh en el bodegón «Naturaleza muerta con uvas, peras y limones» , pintado solo con este color en diferentes gamas. Hasta el el marco de la obra está pintado en amarillo ….

Se ha intentado encontrar múltiples explicaciones médicas para el uso, a veces compulsivo, que hace Van Gogh del amarillo. Una de ellas, postula que los tratamientos con digitálicos a dosis tóxicas, producen visión amarilla (xantopsia). En aquella época, estos tratamientos se empleaban para enfermedades neurológicas como la epilepsia, de la que sabemos con certeza que Van Gogh fue diagnosticado y tratado a en Arlés.

Es improbable que Van Gogh fuese tratado con dosis elevadas de digital. El Dr. Gachet, su médico entonces, había publicado un trabajo donde advertía del peligro del tratamiento con dosis altas de esta droga. Además, este médico practicaba la homeopatía, por lo que en el caso de que hubiese tratado al pintor con digital, nunca habría sido utilizando las dosis tóxicas que le habrían producido xantopsia y que sería responsable de una supuesta visión amarilla.

Otras publicaciones médicas han relacionado el uso del amarillo de Van Gogh con las santoninas, unos fármacos que se empleaban entonces para el tratamiento de dolencias gástricas. Es posible que el pintor fuera tratado con estas sustancias, ya que en una carta a su hermano Theo desde Arles le dice:

«Aquí estoy mejor que en París, pero mi estómago se ha vuelto débil en exceso, será por una dolencia que atrapé allí, probablemente debida al mal vino, del que bebí demasiado».

También para otros, el uso excesivo del amarillo de Van Gogh podría deberse a la gran cantidad de licor de absenta que el artista consumía, con propiedades alucinógenas y que podría ocasionar alteraciones en su percepción del color.

Pero pensar en esto sin más es no llegar a comprender ni la obra ni la genialidad del artista, que empleaba el amarillo siempre con criterios puramente artísticos. Se sabe que Van Gogh había estudiado la teoría de Chevreux sobre la utilización de los colores complementarios y que la aplicaba para conseguir una mezcla de colores atractivos en su obra.

Quizás por eso, en el cuadro «Naturaleza muerta con naranjas y limones con guantes azules» hay un predominio de amarillos, pero introduce en la composición unos guantes de color azul violeta buscando romper con los tonos amarillos y conseguir así un contraste diferente, utilizando el color violeta complementario del amarillo. El 23 de enero de 1889 escribe a su hermano Theo: «Acabo de terminar una nueva tela. Tiene un ligero aire casi chic, un cesto de mimbre con limones y naranjas, una rama de ciprés, y un par de guantes azules»

Van Gogh, en su correspondencia, nos habla mucho de esta pasión por el color amarillo, que a veces va mas allá de la pintura, y trasciende también a sus gustos literarios. Así, en una carta escrita el 25 de mayo de 1889, comenta a su hermano: «Estoy leyendo El Sueño de Zola, la descripción de la protagonista es como si estuviera hecha de amarillos diferentes, enteros y rotos».

Desde luego, a veces era consciente de su “visión amarilla”, que debía experimentar de forma intermitente y que relacionaba con la ingesta de absenta ya que en una carta escrita en Arlés y dirigida a su hermano, el 24 de marzo de 1889, dice: «Se comprenderá que para alcanzar la nota de amarillo conseguida este verano, me ha hecho falta empinar un poco el codo».

También escribe: «Ahora tenemos por aquí un calor espléndido y fuerte sin viento, que me viene muy bien. Un sol, una luz, que no puedo llamar más que amarilla, amarillo de azufre pálido, limón pálido oro… ¡que hermoso es el amarillo!».

Podemos inferir que Van Gogh simplemente amaba el amarillo y por eso utilizó tanto este color en algunos de sus cuadros sin que podamos relacionarlo con posibles tratamientos que distorsionasen su visión del color.

Podemos saber mucho de sus sentimientos y estado anímico por el estudio de las cartas dirigidas a su hermano. En relación al uso del color amarillo le dice, en otra ocasión:

«Tengo un campo de trigo muy amarillo y claro, quizás la tela mas clara que haya hecho nunca, tiene muchos amarillos diferentes, enteros y rotos. La última tela que he comenzado es un campo de trigo donde hay un pequeño segador y un gran sol. La tela es toda amarilla, a excepción del muro y del fondo de las colinas violetas. Otra tela que tiene un motivo casi idéntico, es de colorido diferente, un verde grisáceo, y un cielo blanco y azul»

Por lo tanto, el uso del amarillo era, desde luego, una preferencia consciente y elegida por Van Gogh.

En el catálogo de sus obras (total, 846 en 10 años; https://www.vangoghgallery.com/es/catalogo/pinturas/) podemos ver muchas temáticas repetidas, por ejemplo, los “campos de trigo”. Van Gogh pinta numerosos “campos de trigo”, pero con tonalidades de amarillos muy diferentes.

Podemos pensar que la ingesta de grandes cantidades de absenta, o de algunos fármacos con los que podría haber sido tratado, quizás habrían exaltado su visión del color amarillo, de la que desde luego, era consciente, y así se refería en sus cartas. Pero hay que tener en cuenta que la elección de los colores dependía siempre de su inspiración y desde luego nunca de una alteración en la percepción del color.

Esto es muy evidente en cuadros donde el artista pinta el mismo motivo, como en “Los Lirios”. Vemos diferentes tonalidades de color. La selección de la gama cromática depende, sobre todo, de su libre elección como artista.

En los dos cuadros inferiores Van Gogh pinta un ramo de lirios. Las flores son de color azul violeta en en ambos casos. El artista solo juega con el color del fondo, que en uno de los cuadros es claro, y cuando los pinta escribe a su hermano: «He pintado dos ramos violetas, el segundo de ellos es un efecto de colores complementarios y completamente diferentes que destacan mejor, porque son muy opuestos».

Por tanto, el uso del fondo amarillo en el segundo cuadro de los lirios, es algo totalmente pensado y elegido conscientemente, y no dependería de ningún tratamiento médico, o de ninguna otra patología asociada.

Se sabe también por el estudio de sus cartas, que Van Gogh, al igual que Cezanne, conocía y aplicaba en sus obras las teorías del color de Chevreul, según las cuales, para lograr una sensación visual máxima, es preciso enfrentar un color primario con su complementario. Por tanto, cuando usa el amarillo como fondo en algunos de sus cuadros, está enfrentando al color primario a su complementario, el azul violeta.

En agosto de 1884, Charles Blanc, publica su libro «Gramática de las artes y el dibujo», en el que Van Gogh estudia las teorías de las mezclas de color de Chevreul, y del que hace referencia en las cartas que escribe a su hermano: «Tengo una serie estudios de color … busco opciones entre colores, el azul con el naranja, el rojo con el verde y el amarillo con el violeta, esto hace que los cuadros tengan finalmente un contraste de color intenso, y se impide esa terminación en grises del cuadro»

Y si comparamos estos dos autorretratos del artista, podemos ver que el pintado en 1887/88, presenta una mayor tendencia al uso de los amarillos, mientras que el segundo, pintado en el último año de su vida, cuando podría estar bajo la influencia de las drogas antes comentadas, que pueden producir visión amarilla, tiene un predominio de gamas azules. Por tanto, debemos pensar que este hecho obedece únicamente a una libre elección de la combinación de colores y no depende de influencias externas que alterasen la visión de van Gogh.

Pero podemos preguntarnos ¿por qué muchos años después de su muerte todavía la incomprensión persigue a la obra de Van Gogh, intentado relacionar el color amarillo de sus cuadros con causas ajenas a su inspiración y a su libre elección? ¿Por qué no se ha especulado, por ejemplo con el uso convulsivo que en ocasiones hace Matisse del color rojo en algunas de sus obras intentando relacionarlo con algún tratamiento médico o alguna alteración en la visión del artista?

¿Por qué tampoco se ha especulado sobre el uso tan intenso que también hace del amarillo Derain u otros pintores fauvistas en muchas de sus obras y si, en cambio, con los amarillos utilizados por Van Gogh en algunos de sus cuadros?

Creo que sólo podremos encontrar una respuesta a todo esto volviendo a las palabras de Sófocles al decir que “nada extraordinario llega a la vida de los mortales separado de la desgracia” porque la falta de compresión que sufrió Van Gogh durante toda su vida, y que le hizo desgraciado, quizás fue también la que le llevó a pintar esos cuadros tan extraordinarios llenos de miles de tonos de amarillos, tan bellos e incomprendidos para nuestros ojos, a los que aun estamos intentado buscar una explicación.