La Fundación Gadea ante el COVID19

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La Fundación Gadea ante el COVID19

Andrés Moya / J.A Gutiérrez

La Fundación Gadea es una institución que pretende promover la ciencia, la innovación y el emprendimiento en España. Los consejeros que la forman proceden de diferentes áreas del conocimiento y, desde las respectivas competencias y experiencias, algunos de ellos están contribuyendo a la investigación de la pandemia del COVID19 en nuestro país y a escala internacional.

A poco que se revise la historia de las epidemias se aprecia que la humanidad siempre ha convivido con ellas y en modo alguno podemos pensar que vayamos a estar libres de las mismas en un futuro. No obstante, el éxito para combatirlas ha sido desigual, con la notoria y positiva circunstancia de que nuestra capacidad para domeñarlas ha sido creciente con el tiempo. Por una adecuada combinación de un mayor conocimiento científico de los agentes infecciosos que las provocan y de su dinámica epidemiológica, innovación y emprendimiento por parte del sector privado para luchar contra ellos, una mejora sustancial en la calidad de vida en las ciudades y los hábitos de higiene de la población, la disponibilidad de sistemas sanitarios progresivamente más eficientes, así como una adecuada organización política nacional e internacional para adoptar medidas efectivas tanto en lo relativo a la salud de la población como en el recurso a diferentes fondos económicos para grandes contingencias, podemos ser razonablemente optimistas en nuestra capacidad para enfrentarnos a ellas.

Es conveniente, no obstante, diferenciar claramente las competencias relativas a la Salud Pública, prevención de las enfermedades y sistemas de vigilancia, educación para la salud, higiene, salubridad, etc. de las de carácter asistencial, de respuesta ante las situaciones de pérdida de la salud. En los países modernos es frecuente que este último aspecto esté mucho más desarrollado que el primero y que el cuidado preventivo/ investigador se relaje y vea relegado a un segundo plano.

Es verdad que esta combinación de factores no se distribuye por igual entre los diferentes países y el grado de afectación de las epidemias y, en particular, la que ahora estamos viviendo, azota también de forma diferencial. Pero, en promedio, los negativos efectos a todas las escalas (individual, social y económica) disminuyen en todas las latitudes a lo largo de historia de la humanidad.

Nos encontramos en un planeta crecientemente urbano, con ciudades cada vez más grandes y densamente pobladas en las que, además, contamos con medios de transporte entre ellas, por alejadas que estén, que permiten el movimiento de personas y productos con relativa facilidad y rapidez. Es verdad que la forma en cómo está organizada la red humana, en su estructura y dinámica, corre en paralelo a y facilita la expansión de la red de muchos microbios, particularmente aquellos que son patógenos. No podemos pronosticar si en lo que queda de siglo y más allá la concentración urbana en grandes ciudades va a seguir incrementándose y, en la línea de lo comentado, estar más expuestos a la expansión de según qué agentes biológicos patógenos. Pero sí que podemos afirmar, por el contrario, que es precisamente desde las ciudades y las grandes áreas metropolitanas, por medio de sus hospitales, la organización de la salud pública, las telecomunicaciones, las redes viarias y medios de transporte, los centros de investigación, las empresas de todo tipo, desde donde se organiza y se lleva a cabo una mejor y más eficiente lucha contra las epidemias que afectan a los individuos que viven dentro y fuera de ellas.

Ante las críticas circunstancias que nos asolan como consecuencia del COVID-19 es de fundamental importancia transmitir a los ciudadanos esta realidad y llevarlos a la confianza de que tenemos un excelente sistema sanitario y que los avances científicos pondrán pronto coto a la pandemia, pero que no se trata de una película de villanos y héroes, sino de la simple convicción de que nos encontramos ante una etapa más de nuestro ciclo vital que habremos de afrontar TODOS de forma colectiva, cada cual cumpliendo su papel de la mejor manera posible.

No se trata del mensaje del optimismo, no es un brindis al sol ni está basado en meras especulaciones o suposiciones. Las herramientas de todo tipo y a todas las escalas con las que nos hemos ido dotando progresivamente a lo largo de nuestra historia, y que aquí hemos tratado de ejemplificar, ponen de manifiesto que estamos mejor preparados que nunca antes para hacer frente a las epidemias.

Pero, ¡¡basta ya!! de informaciones dañinas y alarmismos desaforados. Debemos hacer una llamada a la sensatez y responsabilidad de los medios de comunicación y a tantos “expertos” y especuladores que suponen verdaderos agravantes para la situación general.

Si se dictan normas, que sean las adecuadas y fundamentadas científicamente. Y, si esto se hace, háganse cumplir en favor del bien común.

Si se propagan informaciones o noticias, que sean las adecuadas y fundamentadas científicamente. Y, si esto no se hace, háganse cumplir en favor del bien común las responsabilidades correspondientes.

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